domingo, 13 de noviembre de 2011

SANTO CRISTO DE ZARAGOZA



Para muchas personas la imagen de Jesús crucificado de Zaragoza, obsequio de los reyes de España, posee el don de Dios para llevarles beneficios a los hombres pecadores que se lo solicitan.


Este Cristo Jesús está considerado como la imagen más perfecta que existe en el mundo tallada en madera, tan fina que a pesar de los años y de los ajetreos durante todo éste tiempo para celebrar su fiesta tradicional, el Cólera y la Semana Santa, permanece intacta, como que tiene especiales dones divinos que sostienen su color, conservan el gesto de su faz y boca tan expresivo, claro, exactos y majestuoso que ni el talento artístico de las hermanas Teresitas, en su afán de conservarlo blanco y moderno, resistió y por el contrario el retoque se perdió renovándose al color aceituno que es el original.


Entre el 04 al 14 de septiembre el Cristo de Zaragoza convoca a miles de cristianos de diferentes regiones del país y los congrega ante su santuario postrados de rodillas para dar testimonio de su fe.


El día principal (14 de septiembre) son penitentes obligados por iniciativa propia a soportar el martirio en su cuerpo durante el recorrido lento de la procesión, que los alivia moralmente.


Para esta fecha llegan artesanos, comerciantes, culebreros, tahures, limosneros, adivinos y ambiciosos de riqueza. Es un comercio que hace a la ciudad multifacético y hospitalaria.


Zaragoza ha sido azotada en varias ocasiones por una peste. La primera vez se presentó cuando el primer apogeo del hallazgo de las minas de oro, que mató a centenares de esclavos, nativos y españoles. La gente, han considerado las últimas enfermedades como cólicos miserere que ocasiona una muerte fulminante.


La sociedad acosada por el flagelo, sin recursos médicos suficientes, la última vez que se presentó el cólera, le pedió al entonces cura párroco presbítero Amelí Tejada que convocara al pueblo a una plegaria con el santo Cristo; solicitud que antendió el santo sacerdote y con recogimiento y fervor de la gente, recorrieron las calles de la ciudad en procesión con la imagen de Jesús crucificado.


La enfermedad se exterminó y la gente recobró la tranquilidad. Ese hecho lo han considerado un verdadero favor del Cristo. Desde entonces la enfermedad no ha vuelto a repetirse.




Leyenda del Santísimo Cristo


Cuenta la tradición que en el siglo XVII llegaron tres forasteros y buscaron hospedaje en una de las bodegas que se encontraban en la Albarrada de los Angeles, hoy conocida como la Albarradita de los Turcos, debido a que la mayoría de los propietarios de esos inmuebles son de origen turco (realmente son sirio-libaneses, pero eran llamados turcos porque llegaron con pasaporte de Turquía, ya que antes Siria pertenecía a Turquía). Aquellos hombres misteriosos entraron a la bodega, cada uno con una caja de madera parecida a un ataúd, y no se les volvió a ver. Ante el paso de los días sin tener noticias de aquellos señores, el dueño del local y los vecinos procedieron a forzar la cerradura, podría ser que aquellos misteriosos hombres hubieran muerto.

La sorpresa fue grande pues en el interior de la bodega se encontraron tres cajas casi parecidas, pero de aquellos forasteros ni las huellas. Procedieron a destapar las cajas y en cada una de ellas se encontraba un Cristo tallado en madera, que había que tocarlo para cerciorarse de que no eran de carne y hueso. Cada uno tenía un papel que indicaba su destino: Mompox (Bolívar), San Benito de Abad (Sucre) y La Villa de Zaragoza (Antioquia). El que decía Mompox lo llevaron al Altar de la Iglesia de San Agustín y los otros a la Parroquia de Mompox, donde los hicieron llegar a sus destinatarios. Con el tiempo, los creyentes comenzaron a experimentar que estos Cristos tenían poderes milagrosos, y que si se visita algunos de ellos en las Fiestas del Cristo o Semana Santa, las peticiones son concedidas. Por eso en Semana Santa o en las Fiestas del Cristo, el 14 de septiembre, se observa en Zaragoza el peregrinaje de multitudes, de fervorosos creyentes en este Cristo, de todas las zonas del país.



La historia de estos Cristos dice que se presentó un incidente que marcó la historia del Cristo de San Agustín, ya que los letreros que indicaban los destinos se extraviaron y el que correspondía a Mompox, de piel blanca (por ser tierra de nobles, marqueses y condes), se lo llevaron para La Villa de Zaragoza (Antioquia), y dejaron el moreno (por los trabajadores negros esclavos venidos del África), que iba para las minas de Antioquia. La designación sólo se cumplió con el Cristo de San Benito de Abad (Sucre). Tiempo después se aclaró la confusión, ni en Mompox ni en La Villa de Zaragoza estuvieron de acuerdo en un cambio. Este hecho fue aprovechado por los fieles de San Benito de Abad, para sostener la creencia que el único Cristo auténtico era el de ellos y que era el verdadero milagroso. Aunque existe una diferencia de lugar, existe algo común entre los tres: están crucificados vivos y cuando se entra a cualquiera de sus altares, San Benito de Abad, La Villa de Zaragoza, se dice que se siente que el milagroso lo está mirando.


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